Díaz Rubio, José Manuel

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Datos básicos

Clasificación: Reseñas históricas

Clase: Religión

Tipo: Religiosos

Comunidad autónoma: Principado de Asturias

Provincia: Asturias

Municipio: Salas

Parroquia: Malleza

Entidad: La Arquera

Comarca: Comarca Vaqueira

Zona: Occidente de Asturias

Situación: Montaña de Asturias

Código postal: 33867

Cómo llegar: Díaz Rubio, José Manuel

Dirección digital: 8CMMFQ83+88

 

Díaz Rubio, José Manuel

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Descripción:

Sacerdote asturiano, nacido el 15 de octubre de 1919 en el concejo o municipio de Salas y asesinado el 28 de febrero de 1977 en Rhodesia (hoy Zimbabwe).

Los primeros años en La Arquera

Nace el 15 de octubre de 1919, en La Arquera, pueblo de Malleza (parroquia ésta del concejo de Salas), siendo el séptimo de nueve hermanos. Esta numerosa familia gozaba de alta estimación entre los vecinos, como familia honrada y cristiana. Dos de sus hermanas habían profesado como religiosas. Como es costumbre en los hogares de zonas agrícolas de la época, los hijos ayudaban desde muy pequeños en todas las faenas de la casa y del campo.

Manuel Antonio Arias, su primer maestro, hablará de él como «uno de esos discípulos que jamás se olvidan. Sano y fuerte como un roble, de inteligencia despierta y aplicación ejemplar, que asistía asiduamente a las clases. Una cosa le encontraba que le hacía distinto de los otros muchachos: su mirada grave, propia de una persona mayor».

Iba tomando cuerpo en la mente de Manolo, nombre como lo conocían, el deseo de ir al Seminario. Pasados los momentos difíciles de la guerra en la zona de Salas, reanudó Manolo su preparación humanística con el párroco de Malleza.

Seminarista en Valdediós y Burgos

A punto de cumplir 21 años, para comenzar el curso 1940-41, ingresa en el Seminario de Valdediós (Villaviciosa - Asturias); dándosele por aprobados los tres primeros cursos, hace José Manuel el curso de cuarto de Latín.

En el Seminario existía un gran ambiente misionero, alimentado de manera especial por las diversas actividades de la Academia Misional. Entre los estudios, el deporte y los actos de piedad, va tomando cuerpo en la cabeza del nuevo seminarista: ser misionero.

En agosto de 1942 envía su solicitud al Seminario de Misiones de Burgos, donde se incorpora en octubre. Dirá de él D. Fermín Rodríguez, rector de Valdediós: «no sabía de esa vocación misionera, aunque no me extraña». Se alegra de que dé ese paso —aun sintiendo que salga de la Diócesis— y le apoya y le recomienda.

El 3 de octubre de 1943 pronunció su juramento misionero por tres años. Hizo el perpetuo el 25 de enero de 1947, quedando así incorporado al Instituto Español para Misiones Extranjeras (IEME).

De Burgos a Rhodesia, hoy Zimbabwe

El 8 de Mayo de 1949 se celebró en Burgos la imposición de crucifijos y la despedida. Al día siguiente salieron cuatro misioneros camino de Rhodesia, vía Amsterdam y con escalas en Túnez, Nigeria y Kinshasa (Congo).

Pasan los primeros meses en Wamkie, pequeña ciudad minera, cerca de las famosas cataratas Victoria. La zona encomendada al IEME pertenecía al Vicariato Apostólico de Bulawayo, en la que trabajaban los misioneros de Mariannhill. Allí perfeccionan el inglés y reciben los primeros conocimientos de la lengua ndebele y más tarde shona.

De 1949 a 1957 estará presente en varias parroquias de Wamkie, priorizando su trabajo en la creación de escuelas (interés especial por la educación), labor sanitaria en hospitales y formación de sacerdotes nativos.

Una personalidad rica al servicio de la misión

Todos los que le conocían de cerca dicen que tenía una gran personalidad. Dicen de él que era:

—Tenaz, constante, cumplidor, trabajador, entregado hasta la extenuación,

—Espíritu aventurero, valiente, fogoso, extremista, terco, no acertaba fácilmente consejos (ve el mundo por su agujero), independiente, decidido.

—Muy sensible, llega fácilmente a las lágrimas.

—Abierto, jovial, chistoso, sabe reírse de sí mismo.

—Voluble, cambia fácilmente de talante.

—Habla claro, directo, sin rodeos, va siempre a lo esencial.

—Quiere que todo se haga enseguida, puede estar hablando todo el día.

—Sobrio, pobre en su comida, acomodación, vestido. Su ropa es siempre vieja, raída, descuidada, nunca tiene un duro para si mismo.

—Amigo de todos sin distinciones. Habilidoso para trabajos manuales (albañilería, carpintería).

—Fuerte de salud. Alguna vez jugaba al fútbol con los jóvenes de la misión. Le gustaba más verlo.

Su carácter fuerte y difícil provocaba a veces choques, no tanto con los parroquianos, cuanto con los compañeros en la vida diaria y en la organización de la pastoral.

Con sus grandes cualidades, con sus limitaciones, José Manuel Díaz Rubio dejó en todos una honda impresión de hombre totalmente entregado a Dios y a los demás.

Sólida espiritualidad, alimentada en la oración

Fe profunda. Era y aparecía como verdadero hombre de Dios, sin doblez, sin mezcla. De ahí brotaba su piedad, sólida, ignaciana. Muchos ratos de oración en la Iglesia y fiel al rosario. Tenía una gran devoción al Corazón de Jesús y procuró siempre promoverla en sus parroquianos. Hablaba mucho de los santos, sobre todo de sus paisanos: Teresa, Juan de la Cruz, Ignacio, Francisco Javier.

El gran arma pastoral de José Manuel era la predicación de retiros. Hablaba desde el corazón y llegaba al corazón. Su predicación no era nada libresca ni rebuscada, sino que partía de la vida concreta: utilizaba ejemplos, refranes, etc… Los temas centrales eran siempre: vivir la fe y transmitirla, formación y oración, Biblia, jóvenes, matrimonio y familia.

Se preocupaba mucho de fomentar el progreso en todos los sentidos, el desarrollo social y económico. Otra de sus grandes preocupaciones era la promoción de vocaciones sacerdotales y religiosas.

Si el grano de trigo no muere...

Estaba recién estrenado el año 1977, y la situación de guerra en Rhodesia abarcaba prácticamente todo el país. Era una guerra de guerrillas, sin frentes delimitados, y en la que cada día aumentaba el sufrimiento de la población, sobre todo en las zonas rurales.

En la zona de Nyajena, en el sureste del país, el Ejército casi no se atrevía a entrar, estaba dominado por los guerrilleros nacionalistas de ZANLA. Allí en la pequeña misión de Baugala, seguía desempeñando su tarea evangelizadora José Manuel Rubio. Había tenido contacto con varios grupos de la guerrilla que, en general, se habían mostrado amigos. Sin embargo, nunca se podía predecir su reacción.

Muchos fieles aconsejaban al padre que no siguiera moviéndose por la zona, o incluso que abandonara la misión por un tiempo. El obispo también lo veía así. José Manuel, aun siendo consciente del peligro, decidió quedarse y seguir con su actividad casi normal.

El lunes 28 de febrero, después del desayuno, salió para Triangle. Iba a recoger el correo, el salario de los maestros y a hacer algunas compras. Le acompañaba Lovemore, muchacho que ayudaba en la misión. En el camino recogieron a dos mujeres, que le pidieron las llevara a Triangle.

A unos 10 km. de la misión un grupo de hombres armados, guerrilleros del ZANLA, les pararon y obligaron a bajar. Querían quemar la furgoneta, pero, ante los ruegos del misionero, se contentaron con romper el parabrisas. Una de las mujeres quiso interceder: «No le hagan nada malo al padre, es un hombre bueno con todos»; pero les dijeron a los tres que, si no querían morir, se callaran y se fueran corriendo.

Le llevaron a un pequeña colina a unos 1.500 m. de la carretera. Comenzaron a golpearle y a torturarle con las bayonetas. Lovemore, que corría de vuelta a Bangala, oyó dos disparos.

Aquella mañana de febrero, en una remota colina de Rhodesia, hoy Zimbabwe, culminaba una vida entregada al Evangelio. Esa vida había comenzado 57 años antes, en un pueblín de las montañas de Asturias.

Cuando llegó la noticia a La Arquera, resonaron las campañas en el valle de Arango. Lloraban por un hijo de la tierra que había muerto de forma tan violenta e injusta, allá lejos …, y cantaban la gloria de una vida plena, entregada por amor.

El 5 de marzo se celebró un funeral en la Catedral de Oviedo, presidido por D. Gabino Díaz Merchán. En la homilía puso de relieve que ir a las misiones no es un gesto romántico, sino un auténtico abrazarse a la Cruz de Cristo. Recordó a Rubio como amigo, como asturiano y como sacerdote misionero y terminó diciendo: «quisiéramos que el sacrificio supremo de este ejemplar sacerdote asturiano fuese el punto de partida del resurgimiento del espíritu misionero de la Diócesis».

En la presentación del libro Vivir y morir por el pueblo..., de Agustín Moreno Muguruza, y del cual se han sacado todas estas reseñas, escribe D. Gabino:

«El padre José Manuel Díaz Rubio fue un misionero ejemplar, totalmente entregado al pueblo y compenetrado con las culturas de las personas a las que llevó el mensaje de luz y del paz del Evangelio. Fue con su vida y con su muerte un testigo fiel de Cristo, el Salvador. Fue grano enterrado en el sufrimiento que ha de florecer en abundantes frutos en aquellos pueblos y en nuestra iglesia local de Asturias. Estamos persuadidos de que es un ejemplo de admirable santidad y entrega por Cristo, que se nos ofrece para su imitación en el servicio de la misión de la Iglesia».

Coincidiendo con el treinta aniversario de su martirio, del 25 de febrero al 4 de marzo de 2007 se celebró en Salas una semana misionera en recuerdo de este sacerdote.

Bibl.: Agustín Moreno Muguruza, Vivir y morir por el pueblo. Manuel Díaz Rubio, mártir asturiano en Rhodesia. Edit. Delegación Diocesana - Arzobispado de Oviedo (Oviedo, 2002).

Sobre el Concejo de Salas

Salas es un concejo asturiano enmarcado dentro de la zona centroccidental de la región. Limita al norte con los concejos de Valdés, Cudillero y Pravia, al sur con el de Belmonte de Miranda, al este con Pravia, Candamo y Grado, y por último al oeste con Tineo y nuevamente Valdés. Su superficie total es de 227,10 km2. La villa capital, La Espina y Cornellana los principales núcleos de población. La carretera N-634, que atraviesa el concejo de este a oeste, es su más importante vía de comunicación, completando su red viaria varias comarcales como la AS-16 y la AS-216.

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